La Susanita se tiñó el pelo. Juan, ese el niño afeminado se casó con Rosalinda la niña bonita del barrio. Pepita, dejó el vestidito y ahora se fue a Argentina a jugar con consoladoritos y penecitos falsos, che. A Andrés le dio por ocupar los sostenes de Pepita, pero este se quedó en Chile y ahora se le suele ver por EL Golf en las noches y siempre en la esquinita.
Y usted se pegará la cachá de que ¡todo cambia! Absolutamente todo.
Era como cuando tenía cinco años, mis pechos no crecían, era planita y podía utilizar todo tipo de polera o hasta sacármela.
Pero… fue un día cuando creí que el mundo se me había venido abajo, ¡fue cuando descubrí que me habían salido dos tumores en el pecho!
-No hijita mía, son los botoncitos, les saldrán pechuguitas y serán bonitas y ¡a nadie se las deberá mostrar!
Pero para mí buena suerte la hormona bubística no aplicó fuerza, quedé bien planita por harto tiempo, pero en ese momento igual crecían, dos milímetros pero crecían y yo quería ser planita por siempre, así que dale que dale comencé a aplastármelas con vendas.
Yo pensaba que las pechugas eran para cagarles la vida a todas las mujeres.
-¿Por qué al Juancho no le salen y al Pipe sí?
-Porque el Pipe es gordito, y esas no son pechugas hijita.
Fue cuando estaba más crecida ya, que comprendí que había salido premiá, y es increíble cómo cambia tu vida…el porno, o más bien el sexo.
¡Porque todas nuestra amiguitas son distintas! Unas más flaquita, otras chiquititas pero gorditas, otras con forma de cono, que más blanquita, que más quemadita, etc. Todas son distintas. Pero aquí hay alguien que las hace más especiales, es nuestro querido amigo pezón, es como el sombrerito de nuestros membrillitos, el que les da el caché, el punto final, la guinda de la torta, la tílde, la melodía a la canción, y para ponernos más en confianza, el choclito al mojón, etc.
Fue ahí cuando comprendí que mis pechos no eran solo para hacerme sufrir cuando corro o salto, o para mantenerlas encarceladas en género elásticado o lleno de encajes, o para hacerme sentir vergüenza (cuando era más chica) cada vez que paso (aba) por afuera de una tienda de ropa femenina; esa la con maniquíes sexis, con traseros mostrando colalés o cosas por el estilo y con mujeres carteles de mujeres medias porno.
Ahí también comprendí que las palabras de mi mamá “no se las debe mostrar a nadie” no se podían cumplir, menos con la amiga que viene siempre a la casa.
Pero cuando tú te pones a pensar en la vida de nuestras pequeñas amiguitas, te das cuenta que son de las mejores, porque no cualquiera nace para ser encarcelada, toqueteada, mamada (algunas) y ¡luego!
¡Tus membrillos caen como la manzana de Newton o como un penecito impotente! Así de simple, así de rápido, porque no se vende tanto el porno entre abuelitas como el de mujeres maduras, y es así la triste vida de nuestros membrillos, para luego moverse como un yoyo; lánguidos y moviéndose para todos lados.
¡Mamitaa, aproche los membrillitos maduritos!